RETO 2: EN DOS DIMENSIONES

Ayer nos despedimos de Marcos Gómez, nuestro joven rapero, y hoy volvemos con el segundo reto de esta nueva edición en la que los ocho concursantes restantes seguirán luchando por hacerse con la victoria.

Recordemos que todos ellos han tenido la oportunidad de votar por aquel compañero que creen que se esconde tras la máscara de El Cuervo. Sin embargo, esta primera semana no han conseguido desenmascararlo, por lo que El Cuervo sigue entre los ocho participantes.

Les quedan tres semanas más para dar con su identidad antes de que se convierta en concursante oficial. Hasta entonces, me gustaría remarcar que si El Cuervo queda en última posición en alguno de los retos escalará una posición en el ranking de modo que será la persona que ocupe la penúltima posición quien se tenga que marchar del concurso. Por el contrario, si lo descubren, será El Cuervo el expulsado aunque no ocupe el último puesto.

Y ahora, seguimos con los retos.

En dos dimensiones

RETO 2

La poesía siempre ha venido inspirada por vivencias personales, lugares, recuerdos, personas que vienen y van, e incluso objetos. Y en eso consiste el reto de esta semana: “En dos dimensiones”.

Los concursantes recibieron el pasado miércoles un correo en el que se les dio un aviso: “Durante el día de mañana, a cualquier hora, os llegará un mensaje. Desde el momento en que lo recibáis tendréis exactamente media hora para fotografiar algo o a alguien que os rodee y pueda inspirar una poesía”.

Y así fue. A punto de irse a dormir, recién levantados, en la biblioteca e incluso en un aeropuerto. Los concursantes fueron sorprendidos a diferentes horas del día para que cumplieran con esta primera parte del reto.

Una vez enviadas todas las fotografías, recibieron un nuevo mensaje. En él venía adjunta una de esas imágenes. La sorpresa llegó cuando descubrieron que no eran las suyas.

En el primer correo ya se les avisó: “…algo o a alguien que os rodee y pueda inspirar una poesía”. En ningún momento se les dijo que tendría que ser a ellos a quien le inspirase. Así El Cuervo, una vez más, hizo de las suyas. Vio y analizó todas las imágenes de todos los concursantes y decidió a quién asignarle cada fotografía.

La parte final del reto consistió en escribir un poema a partir de lo que les sugiriese o transmitiese la fotografía del compañero que le fue asignada.

Recordad que podréis votar por vuestro poema favorito en la encuesta que encontraréis al final de la entrada. Para ello tendréis que entrar desde vuestra cuenta de Google y elegir la opción que más os guste del despegable. Es importante que tengáis en cuenta que votáis el poema y no la fotografía.

Estos han sido los resultados:


POEMA 1:

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FOTOGRAFÍA DE LLUÍS MOSQUERA. 12:37H

Delante de este cartel nos conocimos.

Tú dejaste tu corazón
y yo
me dejé llevar.

Inundaste los libros de los noveles muertos con el olor de tus páginas.
Abrirte y esnifar el sexo en tu ombligo me hizo sentir un dios.

Silbamos por si alguien dormía aún
en incendios de nieve,
y joder,
lo derretimos todo.

Me decías que quien parte y reparte,
siempre se queda con la mejor parte,
y yo tuve todas las manos para mí,
todos los ases en mi manga,
todas las sombras de tus niños.

Lo nuestro fue algo caótico,
como siempre,
pero jamás conseguiré unir mi caos a otro y que quede algo tan ordenado.

Volamos en libertad y dejamos que nuestros trazos aéreos se cruzasen de forma voluntaria,
sin cláusulas,
sin normas sobre el amor.
No teníamos derechos ni obligaciones en nuestra constitución,
y por eso no funcionó.

El anarquismo sentimental llevaba tatuado nuestras iniciales,
y por eso nunca pudimos reprocharnos nada;
y por eso
jamás podré decirte
que te echo de menos
cada vez que dejo un libro aquí.

-Víctor Bonell.


POEMA 2: OTROS VIENTOS

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FOTOGRAFÍA DE MARCOS GÓMEZ. 16:13H

¿Y si volvemos a encendernos
con los dedos? -Me decías-.

¿Y si volvemos a sembrarnos
jardines de lujuria
por detrás de las orejas?

Si hoy soy ceniza
fue por culpa de tu fuego.
A menudo artificial,
pero siempre sinónimo de intenso.

Me cansé de ser chaleco.
Refugiando tus disparos,
que nunca fueron de fogueo,
pero siempre escondían tu metralla.

Me cansé de buscar tu rastro
en las ruinas de una excusa
que fue cimentada con tu orgullo
y dinamitada por el tiempo.

Siempre quise ser tu droga de diseño.
Tú sólo aspirabas a ser la última calada
de un cigarro que comparten varios labios
en la puerta de un colegio.

Me cansé de ser la chispa.
Esa, que necesitabas
para implosionar por dentro.
Esa, que encontrabas siempre
en los rincones de otros cuerpos.

Me cansé de ser la llama
y al mismo tiempo el combustible de tu ego.
Me cansé de ser pretexto,
de esperar que nos llovieran sentimientos.

Si hoy soy ceniza
fue por culpa de mis miedos.
A menudo provocados,
pero siempre sinónimo de cierto.

¿Y si volvemos a encendernos
con los dedos? -Me decías-.

¿Y si volvemos a sembrarnos
jardines de lujuria
por detrás de las orejas?

Lo siento,
pero a este incendio
ahora lo avivan otros vientos.

-Diego Huacho.


 POEMA 3:

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FOTOGRAFÍA DE PAU ALBERT. 12:22H

Tengo abierta la ventana de mi habitación,
medio cuerpo acechando al vacío,
y la mirada más nocturna que me guardé
entre pestaña y pupila.

Alzo la vista, por primera vez;
nunca supe enfrentarme
a mis gigantes.
Veo constelaciones desconocidas,
agujeros blancos en la lejanía…
Pero brillantes.

Como si después de cada herida,
se desnudara un poco más
el más allá.

Veo,
al úni(co) verso
colgando de mi cuello
o de mi muñeca,
dependiendo de dónde
baile mejor mi latir.
Y esta noche,
mi verso astral
se convirtió en mujer;
en estrella fugaz.

Aunque efímera
y fundida entre la oscuridad,
dejó huella en mi retina;
sigue encandilando.

Y yo me quedo observándola,
con la ilusión de una niña un seis de Enero.
Sólo que no es seis,
tampoco Enero,
ni siquiera sigo siendo una niña.

Ahora aprendí a mirar,
que no ver,
imaginando la de corazones,
almas,
o poesías
que puede albergar
una simple luz.

Entenderás ahora por qué te pedí
antes de irte
que me miraras una última vez.

Al igual que yo comprendí el por qué
de tu regalo,
de tu estrella,
de tu mirada…
Que yace y muere
en mi pecho.

-Cristina Manso.


POEMA 4: NÓMADAS

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FOTOGRAFÍA DE DIEGO HUACHO. 16:55H

I

Todos los días a la misma hora en el mismo transbordo el mismo músico toca la misma canción; mientras unas mil personas pasan de largo. Como ven y oyen, creen que no son ciegos ni sordos.

Yo pausaba por aquí,

y agobiado y de repente,

he pensado lo siguiente:

“Madrid lo tiene todo. Así que corre,

vete”.

II

Los nómadas nos pasamos las ciudades como si fueran pantallas de un videojuego. Hacemos mapas en donde en lugar de paradas de metro hay besos y borracheras. Intentamos también sin éxito, borrar los recuerdos tristes de nuestros planos. Para conseguir pasar algún día por delante de ellos sin sentir que una flecha roja nos atraviesa el pecho diciendo “Usted lloró aquí”.

-Hemos descubierto que son las personas las que hacen a las ciudades y las historias las que hacen a las personas-.

(Tal vez nos acojona vivir entre tantos recuerdos; como si llegados a un punto, nuestro tiempo empezase a contar hacia atrás. 10…9…8…Pero tal vez pensamos demasiado).

Sea como sea le pedí a Madrid que me abriese puertas,

no piernas.

Quise descubrir por qué de Madrid al cielo. Me cansé de sus ascensores y abrí los ojos en cada beso. Nunca me montaba en uno si no tenía espejo. Cansado de mi reflejo

intenté escuchar a alguien que no fuese Sabina, y nunca lo conseguí

menos cuando Leiva.

Y un día no sé ni cómo, la ciudad lloró, y yo

lloví. Y mis versos fueron tan libres que dejaron de serlo.

III

Harto de dejar para mañana lo que era para ayer, me iré. Y no me echaréis de menos, me quedaré en vuestros muros de facebook, a muchas fotos de distancia, en conversaciones esporádicas sobre el tiempo de cualquier lugar, en las nochebuenas y en -algunos- cumpleaños. En los likes de cortesía y en las tardes de aburrimiento cotilla.

Tal vez vuelva dentro de muchos años cuando todo sea distinto,

menos mis mapas de recuerdos y mis historias de vosotros.

Los nómadas nos bajamos de trenes en marcha y compramos billetes a ninguna parte. Se nos mueren las plantas y ninguna panadera se acuerda de nuestros nombres. A veces también, evitamos las sonrisas por la calle. Es entonces cuando cambiamos de dirección.

‘sәuoɹqɐɔ soun soɯos oɹәd

(justo antes de desaparecer, me volveré imprescindible).

Probaré otra ciudad, como si fuese un rasca y gana,

hasta que encuentre un lugar, o hasta que alguien me diga:

-Oye, Lluís.

No te vayas.

10…9…8…

Tal vez hoy he pensado demasiado.

Lluís Mosquera.


POEMA 5: A MI MUJER EXTERIOR

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FOTOGRAFÍA DE VÍCTOR BONELL. 12:16H

Ahora que aún duermes,
que has decidido hacer de mi vida un lienzo en blanco,
que has dejado un poema inacabado sobre la mesilla
y un cigarro encendido en el suelo,
ahora que tus sueños acarician mi cuerpo desnudo
tras la guitarra,
que confieso;
nunca
supe
tocar.

Ahora que ya nadie puede atarte a los tejados,
que te acercaste al precipicio por amor a las alturas
y acabaste escondida en el silencio de esta habitación.

Que no existe dios ni hombre capaz de arreglar los destrozos
de aquellos que osaron darte órdenes
y cortaron tus alas hasta hacerte sangrar.

Ahora que prefieres el eco de unas ruinas llenas de polvo
al ruido de la ciudad.

Ahora que aún duermes y ya no siento el frío,
que me has dejado dibujar miles de constelaciones,
con apenas seis lunares
en tu espalda,
y que sé de memoria el camino de migas de pan
que dejé junto a las pecas,
en tu cara.

Ahora que imaginé ser un gato que,
medio dormido,
descansa
en la curvatura de tu sonrisa.

Que conozco cada recoveco de los huesos de tu columna,
que he contemplado tus catástrofes desde este lado de tu alma,
y mis demonios ya han dejado de gritar.

Ahora que descubro que el caos no necesitaba de ningún orden
para ser perfecto,

-ahora que sé
que tú lo eras
antes de mí,
pero no quisiste verlo-.

Ahora que no tiemblas por las noches,
que tus ojos desiertos de inocencia apenas muestran el dolor
enquistado en mis entrañas,
que la luna atrapa la oscuridad donde antes llorabas
y que nuestros monstruos se independizaron,
he podido acariciarte -acariciarme-,
lento,
muy
lento.

Ahora que llena de fuerza sonríes,
que nadie puede detener tus revoluciones
y que has ganado esta absurda guerra
desatada dentro de mi.

Ahora que sólo tú sabes dónde está tu hogar.

Que casi no me escuchas
y poco a poco,
vas despertando de este sueño
donde,
cada vez,
estoy más lejos de ti;

confesaré
que te quiero -siempre me he querido-.

Y ahora,

ahora,
que he decidido hacerte cosquillas en la tripa
con las cuerdas de mi ukelele,
que se me han olvidado todos los acordes
que tarareábamos en aquella playa,
ahora que nuestra princesa se quitó el vestido
y salió corriendo del caballero,
quiero darte las gracias.

Gracias,
por intentar ser la mujer que siempre quisimos
y en la que,
finalmente,
nos hemos convertido.

-Arantxa Yepes.


POEMA 6:

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FOTOGRAFÍA DE ARANTXA YEPES. 00:00H

Hay norias sosteniendo todo esto.

También muy pocas ganas de bajar.
De ti y de ellas.

(Te) pararía el tiempo aquí conmigo,
sólo porque no dejarán de avanzar todas las emociones que provocas en mí
y puedo jurarte, sin dedos cruzados,
que son muchas.

Si contabilizara todas las emociones que se sienten cuando llega alguien a ti,
me faltarían vidas de más para poder explicarlas a una, o dos personas.

Es así.

La unión de todo lo que quieres sentir,
lo que sabes –sin duda- que sientes;
lo que no debes sentir,
lo que te atreves a sentir;
y lo que quieres transmitir que sientes.

Y seguro que me faltan.

Todo con su color, su olor, su forma y su (no) sentido
dentro de cualquier alma abierta a amar.

Como un momento emocional concreto abarca todo lo que, a la vez,
puede desmontar tu mundo entero.

En unas horas:
eres miedo en mí y sal,
salto de altura sin paracaídas, si es en mi pecho,
eres paz de esa que lo alborota todo,
eres rotos sin ganas de coserlos,
eres la espera en un aeropuerto a alguien que llevas años sin besar,
el rescate de todas las madrugadas sin horas de sueño,
pero con muchos viajes hacia tu ombligo,
eres mareas de más, cuando yo soy tormentas de menos;
eres un día de Abril despistado en medio de Febrero.

Eres ese momento en el que se transforma los “eres” en “somos”
y la transformación de dos mundos con ello.

Somos relojes parados,
cuando nuestra boca busca el cuello del otro y la encuentra.

Porque nos encontramos.

-Pau Albert.


POEMA 7: NUNCA DEJAMOS DE VOLAR

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FOTOGRAFÍA DE MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ. 12:19H

¿Te acuerdas de aquella promesa
que nos hicimos hace años?
Fue en el paseo de siempre,
-el primer día de otoño-
en aquel banco donde
nos pasamos tantas horas.
Recuerdo que el día
estaba nublado, pero
no tanto como nosotras.

Todavía no había llovido,
aunque eso, nos daba igual.
Cada una teníamos nuestro
propio naufragio por dentro.
Y por eso,
fuimos tan estúpidas
de hacernos esa promesa.
Aun sabiendo de antemano
que no podríamos cumplirla.

Todavía tengo tus palabras
grabadas en la memoria.
Y debo decir que nunca
me ha dolido tanto
derramar unas lágrimas
como en aquella tarde.
Creo que desde entonces
me rompí en mil pedazos.

Prometimos no derramar
ninguna lágrima nunca más.
Prometimos no volver a
dejarnos pisar.
Prometimos no volver
a aquel paseo sin antes avisar.
Prometimos no separarnos
y permanecer unidas
hasta el final.

No volvimos a vernos más.
Y debo confesar que
hubo un tiempo en el que
no cumplí mi promesa.
Mil lágrimas he derramado,
y me he dejado pisar
en alguna otra ocasión más.

Pero hoy, después de tanto tiempo,
he vuelto a caminar
por ese paseo donde tantas
vidas veíamos pasar.
Hoy, he decidido cambiar.
Hoy, al fin, he reunido
el suficiente valor de
sonreír al recordar
que, al fin y al cabo,
somos hojas que aunque
en otoño caigamos,
nunca dejamos de volar.

-Ana Soliño.


POEMA 8: BARROTES DE CRISTAL

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FOTOGRAFÍA DE ANA SOLIÑO. 16:11H

Como intentar llenar los pulmones de aire fresco
tras una ventana cerrada,
a eso se parece estar sin ti,
a ver la vida a través de un cristal,
como una proyección en bucle de cine mudo
de la que ya no puedes esperar sorprenderte.
A 18 fotogramas sin tu boca por segundo.

Como intentar sentir la fricción del viento en la tez
tras cuatro tabiques desconchados,
a eso se parece la piel sin tu tacto,
a paredes despedazadas
dejando caer poligonales pedazos de yeso y pintura,
a la carne dejando entrever la superficie cementada
que se esconde tras tus huellas.

Te espere a las 21:30, de todos los días no consecutivos de un año,
en la acera de la misma esquina
donde mis ojos perdieron el reflejo de tu mirada
por última vez.

No he sabido volver a encontrarme
desde que caí de boca sobre los 1994 Km que me detenían,
sobre las 18h y 9 min de cuerda que le faltaban por dar a todos los relojes
desde mi ventana a tu balcón .

Aún se empaña el cristal
cuando miro la carretera y, ensimismado con la trama que tejen las hojas sobre el asfalto,
repito las últimas frases que todavía soy capaz de recordar.
Aún se impregna vaho en los cristales
porque tus palabras siguen conservando todo el calor.

Y es que no soporto la idea de verte las cenizas
mientras te avivas,
mientras me quemo.
Llamas
desde dentro de las cavidades de mi pecho
como si tu aliento hubiera quedado olvidado en mi caja torácica,
creando melodías desafinadas
que tus recuerdos aún saben bailar.

A veces me asomo por la ventana
como si pudieras volver a ser tú quien cruza la calle.

Y el despertador suena a “sin ti” por las mañanas,
aunque es el frío lado izquierdo de la cama
el que me hace despertar.
Y la ducha
suena a millón de gotas suicidándose
sin tu desnudo.
Y vestirse,
sin tu ropa junto a la mía arropando el suelo,
es como vendarme la piel supurando por cada poro,
porque la carne no es más que un disfraz descosido sin tus labios de alfiler.

Vivo un final sin final,
un punto suspensivo con tilde,
un tropezar constantemente con la única piedra del camino
que quiso ser de aire y, al volar,
dejo una zanja donde seguir cayéndome
y una cavidad en forma de trinchera en mi pecho,
a la que le sigo llamando hogar
aunque tú ya no estés aquí para defenderla.

A eso se parece tu ausencia,
a un semáforo en rojo en una calle vacía,
a mis uñas haciendo garabatos con tu nombre en otra piel,
a labio cortándose al sonreír,
a garganta sedienta en mitad de la madrugada,
a ahogarse con aire.

A veces, me asomo por la ventana
y me veo a mí
en un reflejo
en el que ya no me conozco.

-Miguel Ángel Fernández.


POEMA DE DESPEDIDA

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FOTOGRAFÍA DE CRISTINA MANSO. 16:11H

A estas alturas…da vértigo,
¿caerme de tu pelo o contigo?

Levanta la persiana,
mírame semidesnudo con mierdas de paloma encima,
pero debajo tu cuerpo
y un artista realzándote en su lienzo.
Diosa del amor,
yo rey del desencanto, amor.
Destripo la verdad a ojos del bohemio,
sentimientos esparcidos, sin escrúpulos,
me recuerda dónde vivo,
un pequeño roce
nos mira como desconocidos.

A la luz de una farola perfilando una silueta
que llora y tergiversa las cosas,
moldeando el odio a su manera,
el clik de las esposas en mi pecho,
amor tóxico.
Oye que bajo ya,
la vida te folla,
en tus leggins apretaos’,
de carne y hueso,
es por eso que no es lento y se pasa,
atascao’, mente cerrada cuando hablan de amor impecable,
el dolor me hace menos vulnerable,
que tus palabras no son solubles, nena
tu brillo está en mi bolsillo,
donde hay un agujero por el que asoma el pájaro.

Sácale brillo a la lámpara
para que salga el genio;
me las ingenio
pa’ llegar hasta al final,
pero no hay lógica en tu tributo a la hipocresía cómica,
tu monotonía crónica
da vuelta a la canica y grita.

Soy una bestia dando forma a una vida que no es justa,
no busques algo que me seduzca,
ausente en tu pregunta,
la respuesta que buscas está en la ausencia de la mesa,
es por eso que estoy sentao’ acabando el vaso,
oyendo vicio donde calla la pobreza,
donde se piensan que pierden la cabeza por una cerveza,
agarrándose el bolso cuando ven que fumo y toso,
ando quemao’ como el ayer,
tatúo la pared,
¡joder! pareces parecer,
que tu mente crece pero no te veo en el mismo cruce.

Entendí que hay varios caminos,
colega, yo ya pisé el mío.

Sed de ser de fe,
sentado en la cama con el puto karma a cuestas,
siempre resta,
con tus ojos no basta,
bájame de esta farola,
yo me las tiré de roca pero me chocaste como ola.

Ella viene de fiesta,
ya son las tantas y me ilumina esta farola,
y le digo: ven prueba de mi droga,
que ganas de ponértelo en boca,
serás mi yonkie,
pero ella consiguió ser el frenesí
que me deja discutiendo a solas con mi musa,

me quiere,
no aparece,
me quiere,
no me quiere,
cerca de su droga,
me moja,
por su ley de hielo,
prometo sexo sucio,
te escribo algo en tus labios
léelo,
¿quieres ser mi único vicio?

Y lo que pasa en esa esquina ya lo sabes,
que me ilumine la luz,
que me haga sentir farola con tres contenedores,
dime tú
¿vendrías a mi calle para conocerte?
donde se tiran promesas,
donde tú me versabas…

-Marcos Gómez.


 

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38 comentarios en “RETO 2: EN DOS DIMENSIONES

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